Breve perfil biográfico y académico de Shelomi Cecil Sambola Marble, Premio Rubén Darío a la Excelencia Académica
La joven ganadora del Premio Rubén Darío a la Excelencia Académica, Shelomi Cecil Sambola Marble.
Por
Noel Aguilera y Ricardo Guzmán
Publicado

I. “URACCAN es interculturalidad”

Su nombre proviene de la palabra hebrea “shalom”, que significa paz y bienestar. Y es que cuando Shelomi habla, transmite tranquilidad y alegría. Ella no habla en primera persona del singular. Cuando le pregunté qué significaba para ella haber sido distinguida con el Premio Rubén Darío a la Excelencia Académica, a nivel centroamericano, humildemente me respondió:

“Esta distinción es para el pueblo de la Costa Caribe, para mi segunda madre URACCAN, para mi familia. Porque yo no me debo a mí misma, sino a todos ellos que han creído en mí y me han formado”.

II. Honor a quien honor merece

Las madres nicaragüenses juegan un rol fundamental en la educación y, por consecuencia, en el desarrollo del país. Shelomi dice: “Mi madre me inculcó el amor por la lectura. Ella me llevaba a la iglesia y cuando cantaban o leían los textos bíblicos, me decía ‘esto significa tal cosa; esto se pronuncia así; Dios es bueno, Shelomi’”.

Así aprendió inglés creole desde niña, el cual alterna con un español amable y refinado. Así nació en Shelomi el deseo de enseñar, de servir y ver los cambios que tanto anhela para su país y para su adorada Costa Caribe. “Mi sueño- confiesa- es educar, con todos los valores y principios que mi madre y URACCAN inculcaron en mí”.

Shelomi asegura, por eso, que URACCAN es una madre, así de amorosa y abnegada y esencial para sus hijos en la Costa Caribe. En la universidad- Relata Shelomi- somos una familia unida; he visto madres llegar con sus hijos a recibir clases, incluso he visto docentes y compañeros entretener a los niños mientras sus madres realizan trabajos o exámenes. Y esos niños van a crecer con otra mentalidad y amarán la URACCAN: van a profesionalizarse ahí y a contribuir al desarrollo y la autonomía de los pueblos caribeños”.

III. "Mi madre lloró de la felicidad"

A pesar de su profundo gozo, la noticia de su premio no pudo dársela Shelomi personalmente a su mamá. Su pueblo, en Kukra Hill, queda a cuatro horas y media en panga. Ella pensaba una y otra vez si decirle, sobre todo porque su mamá se encuentra en una delicada condición de salud. “¡Y una alegría de ese tipo: Dios mío!”, suspira Shelomi.

Sin embargo, su mamá lo supo, porque la hermana de Shelomi se enteró por medio de familiares y amistades. Y lo corroboró en las redes sociales. Entonces, le dio la noticia a la admirable señora y ella lloró. “Mi madre lloró de felicidad”, repitió Shelomi, con voz temblorosa, como si las lágrimas de su madre le anegaran el pecho al momento de hablar.

Y es que al inicio ni ella misma estaba enterada de su premio. “A mí me llamó mi coordinadora, mi maestra Marbella Jirón, muy feliz, para informarme sobre el premio. Y luego me llamó Andrea Romero, del Consejo Regional de Vida Estudiantil (CONREVE). Y me sentí feliz, porque todo lo bueno tiene su recompensa. Dios siempre está ahí”, expresa Shelomi con profunda confianza y serenidad.

IV. Una infancia que no pudo ser mejor: una mujer de campo

Shelomi proviene de una familia campesina, trabajadora, de grandes principios. Su padre, Peter Marciano Sambola, es un agricultor garífuna y su madre, Luisa Berenice Marble Burton, es una educadora nata de la etnia creole. Ambos le enseñaron, en medio de su limitaciones, el valor de la honradez, de la perseverancia, de la humildad.

Shelomi recuerda su infancia como uno de sus más grandes tesoros. “Fue muy bonita. Durante mi niñez pasé mayormente en la finca de mis padres, prácticamente fue el lugar donde me crié. Recuerdo que mis primeros años de educación de la etapa de preescolar la estudié en una finca donde existía un colegio pequeño; luego nos trasladamos al municipio de Kukra Hill y allí continuó mi infancia en cuanto a educación, donde estudie mi primaria hasta cuarto año de secundaria. En mis periodos de vacaciones me iba a la finca a disfrutar con mis padres; allí viví mis mejores momentos: iba al río, chapeaba, sembraba con mi mami, ayudaba a arrancar frijoles. Luego, en Corn Island estudié mi quinto año de secundaria”.

“Soy una mujer de campo”, asegura Shelomi con orgullo. Y jamás se afrentaría de sus raíces, aun cuando actualmente trabaja en el Consejo Regional de la Costa Caribe, en el área de despacho, equilibrando su tiempo ahí con sus estudios en URACCAN, donde próximamente se graduará en Ciencias de la Educación con mención en Inglés.

Desde su puesto, que es de atención ciudadana, desempeña su vocación de servicio, realizando actividades con niños y mujeres de Bluefields. Su anhelo de educar lo lleva a todas partes y ejerce su vocación a cada oportunidad que se le presenta. Por ello, el pueblo de Bluefields, la ve como una hija, una hermana, una amiga, un testimonio de vida y firmeza.

V. En la vida, una mujer debe valerse por sí misma”

URACCAN ha sido fundamental para Shelomi. Esta universidad está en cada una de sus palabras. Por eso se siente orgullosa de estudiar ahí y de sus orígenes étnicos, de su identidad cultural.

Shelomi siempre ha sido un orgullo de esta casa de estudios superiores. Es profundamente amada y admirada por esta comunidad educativa, de la que ha adoptado principios y valores desde la perspectiva intercultural de género. De ahí que Shelomi siempre haya estado en la lista de excelencia académica. Cuando culminó su tercer año, que la acredita como profesora en educación media con mención en inglés, recibió por parte de esta universidad la orden Magna Cum Laude, en reconocimiento a sus virtudes académicas.   

“URACCAN es sinónimo de unidad, amor, interculturalidad, pluriculturalidad. En URACCAN tenemos los mejores docentes. Hoy, siendo galardonada al premio excelencia académica Rubén Darío, agradezco a Dios por la sabiduría, a mi familia por el apoyo incondicional, a mis queridos docentes de esta universidad por haberme inculcado valores y principios para poder aportar al desarrollo de mi Costa Caribe”, aseguró enérgicamente Shelomi, sonriente, y con ese brillo en sus ojos que inspira a ser mejor persona.